Por la mañana
No es un día especial.
No hay planes importantes.
No pasó nada distinto.
Y aun así… te sientes hermosa.
Te miras recién despierta, sin filtros, sin esfuerzo.
El cabello desordenado.
Los ojos aún cansados.
La piel tal como es.
Los labios secos.
Las ojeras ahí, sin esconderse.
Y todo eso se ve bien.
Más que bien.
La belleza que dura solo un momento
Por unos minutos no hay comparación.
No hay juicio.
No hay crítica.
Solo tú, existiendo.
Te sientes la más hermosa sin saber por qué.
Sin haberlo buscado.
Sin que nadie te lo confirme.
Y lo sabes.
Sabes que al mediodía eso va a cambiar.
Cuando la luz cambia
Sabes que después vendrá el espejo distinto.
La mirada más dura.
El pensamiento que cuestiona.
Sabes que algo se romperá en el camino.
Un comentario.
Una comparación.
Un recuerdo.
Y aun así, ese momento existe.
Lo real de ese instante
No es mentira lo que sentiste al despertar.
No fue una ilusión.
No fue un error.
Esa también eres tú.
La versión que no se juzga.
La que no se mide.
La que no se esconde.
Tal vez la belleza no se va
Tal vez no es que dejes de ser hermosa más tarde.
Tal vez solo empiezas a mirarte con otros ojos.
Ojos más cansados.
Más exigentes.
Más duros.
Pero por la mañana, cuando aún no te atacas,
te ves como realmente eres.
Guardar ese recuerdo
Tal vez no puedas quedarte ahí todo el día.
Pero puedes recordarlo.
Recordar que hubo un momento
en el que te sentiste suficiente
sin hacer nada.
Y eso dice más de ti
que cualquier espejo del resto del día.
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